Por lo general, por cada tres individuos con un nivel socioeconómico elevado hay uno solo con recursos escasos que manifiesta ser feliz. Salvo contadas excepciones, no se puede discutir que a cualquier individuo le gustaría recibir mucho dinero. Sin embargo, las economías desarrolladas se han vuelto proporcionalmente más ricas, sin que por esto sus poblaciones sean más felices. Las encuestas revelan que en promedio, la gente de EEUU, Europa y Japón no están más satisfechos con sus ganancias que en 1950.
En los últimos años, el estudio de la felicidad, contrapuesto a los modos más convencionales de medida del bienestar del individuo (como el PBI por persona), ha atraído la atención de los economistas. El Prof. Richard Layard* intenta darle una explicación a este fenómeno desde la perspectiva psicológica, sociológica y por supuesto, económica. |